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¿Una silla cómoda o incómoda?

Prof. Josep Tapies, titular de la Cátedra de la Empresa Familiar IESE Business School

¿Una silla cómoda o incómoda?

En su nuevo post, el profesor Tapies ofrece algunas recomendaciones para estas cuestiones de cuya implementación dependerá la creación de valor para el accionista y la sensación de tener “una silla cómoda o incómoda” en la Junta General.


Con la evolución en el tiempo, el número de  propietarios de la empresa familiar aumenta y con ello  aumenta el tamaño de la mesa de reuniones. De una mesa camilla, en la primera generación, se puede pasar a una mesa grande con muchos asientos alrededor e incluso  a veces puede hacer falta alquilar un auditorio. Pero, la calidad de los asientos o el material del cual estén hechas la sillas, no tendrán nada que ver con que uno se sienta cómodo o no ocupando el asiento en aquella reunión.

Lo que sí lo definirá, es el ambiente que se genere entre todos los que estén allí sentados.

Cuando en una misma mesa están sentados un empresario familiar que se siente poco respaldado por un accionariado que, según su punto de vista , no está preparado para seguirle en las difíciles decisiones que tiene que tomar cada día y cuando frente suyo está sentado un accionista que se siente poco informado e involucrado en el día a día de la empresa, la solución no está en buscar quien tiene la culpa, sino en buscar el mejor remedio.

Para uno su sueldo y su vida laboral dependerán de la buena marcha de la empresa. Mientras tanto, el otro tendrá más preocupación por maximizar el reparto de los dividendos o por obtener liquidez de sus acciones. Inevitablemente habrá dos percepciones muy distintas de una misma realidad. Pero, en todo caso, interpretadas individualmente serán siempre esto: dos percepciones parciales.

La realidad es mucho más que la suma de las interpretaciones individuales y requiere un trabajo constante orientado a lograr el consenso sobre el futuro de la empresa familiar. Para ello es muy fundamental asegurarse  que todos los accionistas tengan la mejor formación.

Es evidente que la formación exigible para aquellas personas que estén en cargos de gobierno o dirección, no es la misma que la que se puede exigir a alguien que tiene acciones y acude una  vez al año a la junta general de accionistas. Sin embargo, todo accionista responsable debe tener una formación mínima sobre los parámetros de gestión de una empresa familiar.

¿Qué nivel de formación ha de tener un accionista?

Podríamos decir que uno puede ser considerado accionista formado  cuando tenga la capacidad de hacerse una idea del entorno competitivo de la empresa familiar de la que es propietario, de la rentabilidad esperable,  emitir juicios razonables y participar activamente en la consecución de las finalidades de la empresa: crecer, crear riqueza y empleo.

La creación de valor para el accionista será una consecuencia de hacer bien lo anterior, y los asientos que ocupan serán cómodos siempre y cuando todos hayan contribuido desde su rol a que así sea.


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