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Consejo sabio, consejo independiente

Boris Matijas, Archipiélago

“No deberías haber envejecido antes de ser sabio”, reprochaba el bufón al rey Lear, al final de la obra de Sheakspeare que plantea una sucesión muy particular.


La obra explora dos temas principales: la ingratitud filial; la del Rey Lear y sus hijas y la historia de Gloucester, traicionado por su hijo Edmond; y la falta de lucidez y de visión de dos reyes que les llevan, a cometer injusticias con sus hijos más sinceros.

Lo que culmina en el acto 3° cuando Lear es desterrado y se encuentra prácticamente sin nada, a la intemperie, en una noche de fuerte tormenta y acompañado únicamente por el bufón. Los trágicos acontecimientos conducen al anciano rey a la locura mientras que, y paralelamente, se representa la tragedia de Gloucester, que, al igual que Lear y engañado por su hijo bastardo, perjura de su hijo legítimo.

La sucesión en la empresa familiar ya ha dejado de ser un tema de género. O al menos en mi opinión habría que dejar de serlo.

Crear una empresa y un patrimonio grande requiere unas características distintas a las que se requiere para preservar y administrarlo. Por lo tanto para buscar un buen sucesor o una buena sucesora y evitar a desarrollar al “síndrome de ADN”, que hemos comentado en posts anteriores, ayuda a tener en cuenta el consejo que le da el bufón al rey Lear.

Pero aun más ayuda estar bien aconsejado. Y este es el papel principal del Consejo de Administración, cuyas responsabilidades se extienden incluso a un tema tan importante como es la sucesión.

El recién elaborado estudio sobre la figura de los consejos de administración, realizado por la Asociación para el Desarrollo de la Empresa Familiar de Madrid, con la colaboración del profesor Joan Roure del IESE, destaca que el 67% de las empresas familiares cuenta con un consejo de Administración en sus estructuras de gobierno cuyo tamaño medio es de seis miembros, con una presencia amplia de la familia propietaria de la compañía, en el 81% de los casos. Lo que me llamó la atención entre los datos presentado es la presencia de los consejeros independientes que queda limitada al 36% de los integrantes.

Tener un Consejo de Administración es una cosa, pero hacer que sea un órgano profesional e independiente es otra cosa distinta. La independencia garantiza un punto de vista alejado de las dinámicas familiares que a veces pueden nublar la visión y distraer del camino y de la estrategia que el Consejo de Administración tiene la responsabilidad de proporcionar.   

Si los reyes Lear y Gloucester, hubieran podido ser aconsejados por un Consejo independiente, y si le hubieran hecho caso, la historia hubiera tenido una trama bien distinta y menos tormentosa. 


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