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Tengo derecho a...

Prof. Josep Tapies, titular de la Cátedra de Empresa Familiar IESE

Recientemente, en la reunión de un consejo de familia tuve ocasión de asistir a un pequeño altercado entre hermanos.


“Si tú eres el director general y tú el director comercial”, decía enfadado uno de los hermanos dirigiéndose a sus dos hermanos mayores, “a mí, por derecho, al menos me corresponde el puesto de director de fábrica.” Este razonamiento suyo se basaba en el hecho de que cada hermano tenía derecho a un puesto directivo y él recientemente obtuvo su grado en ingeniería y por tanto le correspondía por derecho.

Tratamos entre todos los presentes de hacerle notar que los puestos no se podían asignar a dedo sino que tenían que concurrir dos circunstancias: que hubiera hueco disponible y que el candidato cumpliera los requisitos para el puesto.

“Efectivamente el puesto no existe, pero considero que habría que crearlo”, seguía argumentando el hermano menor. En la fábrica había un responsable de fabricación “de toda la vida” pero el joven retoño pensaba que había llegado el momento de “profesionalizar” la dirección de fabricación. En cuanto a cumplir con los requisitos no tenía duda que los nuevos métodos que había aprendido en la universidad, ayudarían a revolucionar la manera de hacer en el taller.

Hay que reconocer que el candidato ha sido un estudiante brillante, pero quisimos hacerle notar que no se trataba solo de tener un brillante currículo universitario, sino que había que tener cierta experiencia. “¿Pero por qué creéis tan importante la experiencia?”, saltó nada más oír la palabra. En su opinión sus hermanos querían tener gente con experiencia porque “temían al cambio” que él podía introducir.

En una sesión privada traté de hacerle ver que la prudencia es una cualidad que debe adornar a cualquier buen directivo y que él estaba siendo todo menos prudente. También le dije que antes que mandar hay que haber aprendido a obedecer y que él carecía de experiencia alguna en términos de organizaciones jerárquicas. Todo fue inútil. Él quería ejercer el derecho que creía tener, tal como lo habían tenido sus hermanos.

A decir verdad sus dos hermanos, bastante mayores que él, habían entrado “a dedo” en la empresa en vida del padre que había fundado la empresa. Entraron en administración y comercial y al fallecer el padre, el hermano que llevaba administración y finanzas se hizo cargo de la dirección general y otro hermano de la dirección comercial.

El consejo de familia estaba en un buen aprieto. La historia parecía avalar las exigencias del hermano menor, pero todos veían que era altamente imprudente asignarle la responsabilidad de director de fabricación. Sin embargo quizás era demasiado tarde para empezar a hablar de obligaciones a alguien que se había criado en un ambiente de “tengo derecho a…”
 


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