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Más vale prevenir

Boris Matijas, Archipiélago

Más vale prevenir

Los conflictos familiares pueden desencadenar situaciones donde cabe plantearse la exclusión societaria de un miembro familiar. Es el caso donde mejor se manifiesta la certeza del dicho "más vale prevenir".


Un accionista familiar descontento promueve una querella legal contra la empresa familiar…. Un directivo familiar por celos entrega documentos clasificados a la competencia…. Los hijos disconformes con el nuevo matrimonio del fundador promueven su exclusión de los órganos de gobierno de la empresa.….


Son solamente algunos de los escenarios donde en una familia empresaria puede iniciarse el proceso cuya finalidad sea la exclusión de un miembro familiar. Pero el inicio de la exclusión en estos casos simplemente suele ser la culminación de una situación de conflicto que durante bastante tiempo socavaba la confianza entre los familiares. El problema no está en la decisión que será tomada, sino en el origen estas situaciones.


Dependiendo del tipo de sociedad constituida, en la mayoría de los países, la ley autoriza la exclusión de uno de los socios cuando exista justa causa. Pero definir lo que es justo en una empresa familiar muchas veces no es tan sencillo debido a la naturaleza de las relaciones entre los accionistas y la fuerte carga emocional que hay detrás de las mismas.


Llegado al punto de iniciar la exclusión, lo más habitual es que la familia se divida en dos o más partes y que cada una de ellas movilizara ejércitos de abogados armados de extractos recogidos de las legislaciones y los estatutos societarios. La guerra está servida. Pero independientemente del resultado que pueda obtener cada uno de los lados, siempre hay un único perjudicado; la empresa.


La mala prensa que acompaña este tipo de situaciones, de ningún modo puede beneficiar el buen funcionamiento de la empresa. Por ello plantearse la exclusión de un familiar es sin duda una de las decisiones más complejas que puede afrontar una empresa familiar. Llegado a este punto no hay soluciones fáciles.


Con suerte puede que hayamos tomado una decisión que de momento  alejara el peligro, pero la herida tardará en cicatrizar.  Por esto insisto en la necesidad de establecer normas consensuadas entre todos y preferiblemente en los tiempos de “bonanza”. 


La ley de sociedades varía según cada país y puede haber previstas distintas cláusulas en los estatutos que promuevan la acción de resolución por exclusión. Pero como ya había dicho antes, llegado a este punto puede ser demasiado tarde. Lo ideal sería establecer una forma de cortafuegos que evitara que las situaciones escenificadas el principio paralicen toda la empresa familiar.


El documento que ofrece esta posibilidad es el protocolo familiar en el cual es recomendable que se estipulan entre otras normas las condiciones para la exclusión societaria. Incluyendo la cláusula sobre las condiciones para la exclusión societaria  en el protocolo la solución ya esté servida. Y, aún más más importante, por consenso familiar. 


Pregunta para el lector: ¿En qué situaciones crees que debería plantearse la exclusión societaria de un miembro familiar?
 


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